Amarga soledad
Entre
putas y perros caminaba sin darme cuenta de la hora. Llegue a un bar algo
peculiar, había un vomito que me recibió al pie de la puerta invitándome a la
diversión de la noche, a ese despertar infinito donde el amanecer es otro
infierno que hay que cruzar para poder llegar a la embriagues de la noche,
donde todo es placer y olvido. Había cruzado la puerta de ese congal de
dulzura. Me recibió en el umbral un tipo gordo maloliente, de esos que disfruta
ver coger a las putas de su congal ya que en casa solo tiene la desdicha de
sentirse solo a punto de tomar una cuerda y morir. Me preguntó que si buscaba
diversión, le dije que solo estaba buscando algo que beber. Estúpido puerco
maloliente, me hubiera echado fuera sino es porque un tipo se paso con una de
sus zorras y tuvo que ir a ayudarla. Camine cerca de las mesas acercándome a la
barra, quería saber qué tipo de gente acudía a ese lugar. Me di cuenta de la
asquerosidad del bar antes de pasar la segunda mesa. Me senté en un rincón y
solo por curiosidad seguí viendo el espectáculo de las mesas. Me llamo la
atención la mesa que estaba enseguida de mí. Había un tipo de traje, se veía al
igual que yo que no pertenecía a ese lugar, solo que el ya estaba perdido las
muchachas se reían de él mientras le robaban todo lo que traía, luego que
terminaron lo dejaron como trapo sucio, y para rematar el tipo se tuvo que ir arrastrando
entre vomito y colillas de cigarro, tirando su alma sin la más mínima dignidad.
Luego de un rato la cantinera se acerco y con una voz ronca acabada por el
cigarro, me pregunto que si que iba a tomar, le dije que me trajera algo
fuerte, que me pegara rápido, quería estar casi tirado antes de ir a coger. Me
pregunto que si quería una habitación y alguna de las chicas, le dije que sí,
que me tuviera lista la que fuera de su preferencia ya que solo quería saciar
el estrés del medio día. No sé lo que me trajo, pero de verdad que era fuerte,
me había perdido después del cuarto paso. Puta cantinera de seguro que quería
quedarse con una tajada de lo que la muchacha me fuera a robar, pero no traía
más que lo de la cuota. Después de
pegarme contra las paredes y casi agarrarme a golpes con un tipo llegue a la
habitación. Abrí la puerta y me encontré con una muchacha joven, no pasaría de
los veintitrés años creo yo, o al menos eso distinguí. Me estaba esperando
sentada en una silla y con un cigarro en la mano. Traía una falda negra muy
corta y una blusa blanca de tirantes, la cual dejaba mirar unos pechos muy bien
contorneados. Me dijo – cierra la puerta y recuéstate en un momento te atiendo
solo me termino el cigarro- . Me acosté
como me dijo, desde ahí veía su espalda, tenía una bella figura. Se puso
de pie, tiro la colilla del cigarro y la piso, se acerco a mí, se quito la
blusa, tomo mi mano y la llevo hasta sus pechos – te gustan – me dijo- los veías
con ganas, son tuyos por unos billetes esta noche – y sentí lastima por ella. Le pregunte que si
como se llamaba, no me respondió, solo se acerco y me beso, sus manos comenzaron
a jugar por mi cuerpo y yo sin desperdiciar la oportunidad, la tome de la cintura
y la coloque en sima de mí. En una noche tan corta yo sentía el más dulce calor
que pudiera haber sentido, y sentí como su vientre se contraía mientras
que de su rosto moreno y dulce caían
unas lagrimas amargas, así lo digo porque
en ese vaivén rodaron hasta sus pechos dulces los cuales yo acariciaba y
besaba. La luna cubrió nuestros cuerpos y caí exhausto, ella se levanto, se
puso la falda y se quedo a un lado de la ventana fumando otro cigarro, y un
llanto amargo llego hasta mi odio. Después de media hora me levante, me acerque
a ella y le di un beso en la mejilla, me vio sorprendida, le di las gracias, le
pague y me fui. Cuando salí del bar aun la vi llorando en la misma ventana.
j.l.d.g.
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